lunes, 14 de febrero de 2011

El amor todo lo perdona

Cuando mi hermana Natalia se puso de novia, Miguel -mi cuñado- iba a casa todos los fines de semana. Salían a bailar el sábado a la noche, y después, él se quedaba para disfrutar del almuerzo familiar del domingo... Pero claro, como mi hermana no era muy aficionada a la cocina (recién ahora se está familiarizando con alguna que otra receta sencilla) ambos esperaban a que mi mamá o yo cocináramos...
Cada vez que mis viejos, por algún motivo tenían que partir rumbo al campo, los tortolitos, nada tontos, esperaban en silencio, hasta que sentían en la cocina, ruidos de ollas y platos, entonces, frescos como una lechuga, se levantaban a comer, como si fuera lo más natural del mundo sentarse a la mesa a esperar la comida.
Un día, sin poder resistirme a la maldad adolescente que me corroía, decidí poner a prueba a mi hermana jodiéndoles el almuerzo.
Me levanté tempranito (como 15 minutos antes de las doce), ataqué la heladera, me preparé un sandwich de pollo, lo comí rapidito y empecé a hacer bochinche para que se despierten.
Al ratito, y según lo acostumbrado, los novios se levantaron para sentarse a la mesa, y mi hermana me preguntó por el menú, a lo cual -ni lerda ni perezosa- le respondí que ya había almorzado, que cocinara ella.
Pobre!!! Casi se muere cuando le dije así, pero no bajó los brazos. Fue hasta el freezer, donde mi vieja siempre tiene milanesas frizadas para que la saquen de apuro, sacó dos milanesas y la sartén, puso tres litros de aceite, y rompió un huevo adentro, cuando estuvo bastante cocinado, lo sacó y lo puso en un plato para cocinar las milanesas en la misma sartén. Con el fuego altísimo y las milanesas congeladas, logró un bello tono dorado carbón en el exterior, y un rojo sangre furioso en el interior de la comida.
Mi cuñado, que siempre fue bastante delicado con la comida, miraba su menú sin apetito, mientras yo me mataba de risa por mi maldad y por la frustración de mi hermana, que finalmente le sirvió a su amor, un huevo frito helado, y una milanesa arrebatada y cruda.
Él, en señal de amor (o de miedo al verle la cara de furia a mi hermana) se comió toda la comidita sin chistar.
(Enviada por Luciana B. - En la foto: Natalia B. y Miguel P.) 

3 comentarios:

  1. Jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa Qué malaaaa!!! Te Quiero mucho hermanita!!! Perdón por mis maldades adolescentes!!!! Lu...

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  2. ja, ahora me toca a mí, a atajarse. La venganza es un plato que se come frío. jajajaja

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  3. No pusiste tu nombre cobarde!!! PEro intuyo que sos la cocinera!!! Jaaaaaaajajjajaja Te quiero!!!

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