Mi sobrina Marcela siempre fue una aguda observadora de la realidad. Y como tal nunca quedaba callada cuando algo cruzaba por su cabeza.
Así, un día en la escuela hablaban acerca de las estaciones y qué traía cada una: el invierno el frío y la nieve, la primavera las flores, el otoño las hojitas caídas... cuando llegó el turno del verano (¿y qué nos trae el verano?), Marcela se apresuró a decir: Tranzpirazión!! (porque en ese entonces hablaba con "z")
Bueno, después de todo, tenía razón!!
De chiquita era una ávida lectora y solía tomar cualquier libro o papel que estuviera dando vueltas por ahí, para saber qué decía.
Iba a segundo o tercer grado y habían terminado de dar los aparatos digestivo, circulatorio y respiratorio cuando ella levantó su manito y preguntó:
- Señorita, ¿y cuándo vamos a dar el aparato reproductor?
Había estado leyendo un libro que tenía su hermana mayor y por supuesto, ya conocía de sobra el tema, que sonaba más interesante que lo estudiado hasta el momento.
La maestra, de colegio de monjas, quedó muda.
La curiosidad que despertó entre sus compañeros terminó en la convocatoria de una reunión de padres, para consultar si a tan temprana edad estaban de acuerdo en que sus hijos aprendieran los secretos de la reproducción.
(Contada por Nora C. - En la foto: Marcela B.)

¡Con mis chicos, creo estar preparada!!! JAJAJA En la escuela son más tímidos, pero en casa siempre tienen curiosidades que satisfacer...
ResponderEliminarMuchas veces, inquietos, me escuchan y me preguntan: Cómo es que pueden ser ellos parecidos a su papá si nacieron de la pancita de mamá??? Las respuestas no son fáciles y hasta se tornan escurridizas...