lunes, 27 de diciembre de 2010

Donde comen dos no comen tres

Los adultos muchas veces no suelen advertir cuán crueles pueden llegar a ser con los más pequeños.
Así ocurría con el nono S., propietario de uno de los únicos televisores del pueblo de Gessler, allá por los sesenta, quien solía dejar a sus nietas con las ganas de ver a "La familia Telerín", al apagar el aparato abruptamente ante el asombro de las nenas, que no tenían otra posibilidad de disfrutar el programa.
El abuelo vivía a escasos metros de la casa de sus nietas Susana, Silvia y Marcela; y a menudo recibía la visita de su familia galvense o de los nietos (VIP) de su otro hijo que también vivía en Gessler.
Silvia iba hasta la casa para jugar con sus primos; pero llegada la hora del almuerzo o la cena, la mesa se ponía sólo para aquellas visitas y nunca había un lugarcito extra para ella.
Entonces, la pobrecita daba vueltas alrededor de la mesa contando los lugares, sólo para darse cuenta que nuevamente quedaba afuera!!
Y así volvía a su casa llorando amargamente...

(Contada por Silvia y Marcela S. - En la foto: Silvia S.)

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