Cuando mi hermano y mi cuñada comenzaron a salir allá por los 70s, yo era una encantadora pulga de 2 o 3 años que me colaba con ellos en cada oportunidad que tuviera.
Cierto día íbamos caminando por el centro mientras yo comía confites de una cajita, cuando se me cayeron algunos en un canterito de tierra.
Me agaché a juntarlos y mi cuñada sólo atinó a prohibirlo.
Pregunté por qué y me respondió que los dejara, que una vez que cayeran en la tierra serían como semillitas y de ahí nacería un árbol de confites.
Cuentan que la miré asombrada y sin dudarlo vacié la caja de confites en la tierra.
¡Para cosechar hay que sembrar!
(Contada por Nora C. - En la foto: Nora C., Hugo y Cary B.)
¡Hermoso!!! ¡Qué inocentes éramos los niños de aquella época!!!
ResponderEliminarSí, efectivamente!!!
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