Mi pueblo, Santa Clara de la Buena Vista, era uno de ésos donde todos (o casi todos) éramos amigos, o conocidos. Teníamos un grupo de amigas muy íntimas, de siete u ocho.
Un día llegó la noticia de que el entonces presidente de la República, Perón, pasaría con su esposa Eva Duarte hacia el norte en el tren más veloz del Ferrocarril Central Argentino.
Como no sabíamos el horario en que pasaría, todas nos vestimos con nuestras mejores galas con la ilusión de que al menos Evita nos daría un cariñoso saludo.
Luego de una penitencia de más de dos horas “gordas”, se escuchó una voz que comentó que el tren ya había pasado por Rigby, que era la estación anterior.
Fue tan rápido oír el ruido del tren que no demoró en verse la silueta de la locomotora que se acercaba.
¡Oh, pobres ilusas nosotras!... fue tal la polvareda que levantó en la estación y la lluvia de papelitos que volaban como palomas, que quedamos como monstruos de tierra, todas despeinadas, no nos veíamos una a la otra.
Desgraciadamente no fue la última decepción que tuvimos de esos personajes y más tristes fueron las que llegaron después...
(Enviada por Irma L. – En la foto: Ada, Irma, Orfilio y Zulma L.)
¡Parece estar viendo en la foto a la hija de Zulma y a ti, Cary! ¡Es increíble el parecido a tu mamá! ¡Qué buenas historias Irma!
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