domingo, 2 de mayo de 2010

Un saludo muy atrevido

Corría el año treinta y pico, yo tendría unos cuatro años y vivía con mi familia en la casa del Dr. Longo.
Un día estaba jugando junto a mis hermanas Zulma y Ada (ambas mayores que yo) cuando por la calle pasó el verdulero del pueblo a quien habían apodado “Pistulín”, porque era chiquitito y de muy mal carácter.
Mis hermanas me dijeron: “Mirá, ese hombre que viene allá es Pistulín… saludalo!”
Al frente de la casa había un cerco de ligustros y ellas se escondieron detrás de las plantas, dejándome sola en la vereda.
Cuando aquel pequeño hombrecito se acercó, lo saludé ingenuamente con un “Chau Pistulín”.
Obviamente yo no sabía qué quería decir ese apodo, pero él no reparó en mi edad y ciego de odio exclamó: “Mocosa de porquería, llamá a tu papá que quiero hablar con él!!”.
Mis hermanas reían detrás de los ligustros, al tiempo que yo comenzaba a llorar desconsoladamente.
Mi papá afortunadamente estaba trabajando, así que entré corriendo a mi casa, dejando al enojado verdulero en la calle.
Nunca cumplió la amenaza de delatarme con mi padre, pero cuando crecí y comprendí lo que había dicho aquella tarde, hubiera querido pegar a mis hermanas!!


(Enviada por Irma L. – En la foto: Zulma e Irma L.)

No hay comentarios:

Publicar un comentario