Ada siempre se caracterizó por su sentido del humor y sus salidas hilarantes aún en los momentos menos oportunos. Había fallecido el nono Roberto (su padre) y por esas costumbres familiares y de pueblo, lo estaban velando en casa de Ada.
La gente pasaba a saludar a los deudos, con toda la solemnidad y seriedad que ameritaba el momento. Pero ¿acaso hay algún lugar más tentador para reirse que un velorio o una misa?
En eso apareció Orestes, un tano que vivía en la casa del frente.
Compungido tomó la mano de Ada y comenzó a sacudirla sin decir una palabra, en medio de un silencio interminable.
Ada entonces decidió ayudarlo diciéndole: "Le acompaño el sentimiento, don Foresto", a lo que él respondió: "Grrrrracia" y se retiró.
Al toque hizo lo propio Ada, para encerrarse a reír en el dormitorio. En medio del velorio hubiera quedado mal!!
(Contada por Silvia S. - En la foto: Ada L. de S.)
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