Meses atrás poco y nada se sabía acerca de Fermina L., hermana mayor del nono Roberto, fallecida muy joven cuando el abuelo era aún un chico. La versión oficial era que se había suicidado a los 19 años y había sido por amor. Contaban una historia de Montescos y Capuletos en la que ella se había enamorado de un turco y su familia (descendientes de suizos) nunca lo había aceptado, por lo que ella se había dado un tiro.
Eso fue hasta que en medio de mi investigación, en las actas parroquiales de la Iglesia Santa Ana de Gessler, apareció en 1912 el nacimiento de Teresa L., hija natural de Fermina!!
Enorme fue mi sorpresa porque nunca se había hablado de que ella hubiera sido madre. Figuraba en el acta como hija natural de Fermina, de 18 años de edad y los padrinos eran gente extraña a la familia (imaginen la deshonra que pudo significar ser madre soltera en 1912!!).
Las fechas coincidían, ya que Fermina había nacido en 1894 y confirmé en el Registro Civil que definitivamente pertenecía a nuestra familia con la partida de nacimiento de Teresa, donde sí figuraban un hermano y el esposo de la hermana, como declarante y testigo.
Miles de preguntas surgieron: ¿cómo podía haberse suicidado al año del nacimiento de la beba?... ¿acaso la bebé había fallecido también?... ¿qué había sido de esa nena? porque aparentemente nadie en la familia sabía de su existencia.
Lamentablemente entre los microfilmes que había solicitado en el Centro de Historia familiar, no había llegado el de defunciones de la parroquia, así que no podía confirmarlo.
Indagando entre los de más edad de la familia, surgieron dos versiones:
La primera contaba que Fermina trabajaba como sirvienta en casa de una familia muy adinerada, se enamoró y quedó embarazada del señorito de la casa. La otra versión, menos romántica, decía que el niño bien o su padre había abusado de ella.
Lo cierto es que ambas historias terminaban en que la señora la había mandado a matar!!, cosa que no es muy difícil de pensar en una mujer que años más tarde contrató a alguien para asesinar a su propio marido.
En fin, poco sabemos y las personas a quienes podríamos consultar ya están todas fallecidas.
No se pudo averiguar mucho más en el cementerio de Gessler.
Pedí a los mormones las actas de defunción de la parroquia Santa Ana para ver si en años posteriores hallaba al menos a Fermina o su hija, para luego consultar por año en el Registro Civil, pero no he tenido noticias aún.
Así que esta historia continuará...
(En la foto: Fermina L.)
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