Anna Elisabetha V. –mi bisabuela- era una mujer increíble, admirable por su fortaleza y la integridad con la que afrontó las adversidades que le tocaron vivir.Casada con un alcohólico, quedó viuda a los 30 años y no sólo tuvo que criar sola sus ocho hijos (la mayor, de 12 y el menor, mi abuelo, de 1 año de edad) sino que también estaba embarazada del noveno, que nunca conoció a su padre.
Y pudo con todo y todos, trabajando en el campo de sol a sol, con las enormes dificultades que traía aparejada la vida cotidiana allá hacia finales del siglo XIX.
Conociendo que Anna era mujer de armas tomar, un día el dueño de un molino le hizo una curiosa apuesta. Le ofreció una bolsa de harina gratis si ella se atrevía a llevarla sobre sus hombros, a pie, hasta su casa.
Vivía a unos 800 metros del molino pero Anna, ni lerda ni perezosa pidió que le cargaran la bolsa de 25 kgs. en la espalda y partió ante la perplejidad de los hombres, que no creían que pudiera cumplir su cometido.
Tal vez la necesidad le dio más fuerzas, o quizás sólo fuera producto de su terquedad, pero llegó a destino y pudo quedarse con los valiosísimos 25 kilos de harina.
(En la foto: Anna V.)
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