Mi nona Dominga siempre tuvo fama de torpe. Es más, dicen que me parezco mucho a ella porque todo se me cae de las manos, todo rompo, todo me llevo por delante.Cuentan que cuando mi papá era bebé, lo tenía en brazos sentada en un sillón mecedora, ésos de madera torneada y asiento y respaldo de esterilla.
Con cuánta fuerza lo habrá hamacado que se fue de espaldas y quedó con la espalda apoyada en el piso y las dos piernas apuntando al techo!!
Asustada comenzó a gritar.
No fue sino hasta que llegó su sobrina Juanita (que entonces era chiquita), que pudo salir de semejante brete, al empujar la nena el sillón a su posición original.
(En la foto: Dominga Ch.)
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