A propósito del día del perro que fue el pasado 2 de junio, vaya este homenaje a los de mi bisabuelo Emilio B.
En nuestra familia siempre hubo un apego especial hacia los animales. Ya conté en otra oportunidad cómo la casa de mis abuelos maternos se había transformado en un verdadero zoológico, en el cual hasta ñandúes criaban!!
El bisabuelo B. quería mucho a los animales y como vivía en el campo, el espacio le sobraba para tenerlos libremente y bien cuidados.
Perro vagabundo que pasaba por allí, encontraba con seguridad casa y comida.
Cuando Lola tuvo cría llegó a tener veintidós perros!!
No eran ricos ni sobraba el alimento, pero eran épocas en que los perros comían cualquier cosa, no necesariamente el balanceado de buena marca, con x proteínas y suplementos dietarios.
Emilio iba a las cremerías, donde colocaban la leche en tachos de lata, le sacaba la crema que se formaba arriba, a eso le mezclaba semita, que buscaba en el molino harinero y a base de esa pasta mantenía bien alimentada a la “manada”.
También disfrutaban la carne. En ocasiones en que mataban algún caballo viejo, lo colgaban lejos de la casa y les iba cortando carne seca a tajadas.
Cuando Emilio enfermó, su perro (no recuerdo si era Monito o Gaucho) hizo guardia durante días junto a su cama y el día de su muerte, toda la tropa lo acompañó trotando al lado del coche fúnebre que entonces era tirado por caballos.
Estos leales animales lo siguieron hasta el cementerio y allí le dieron el último adiós a quien había sido su protector y noble amigo durante toda su vida.
(Contada por Irma L. - En la foto: Emilio B.)

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