miércoles, 7 de julio de 2010

Travesuras nocturnas

Hubo un tiempo en que se podía confiar y sobre todas las cosas, nos sentíamos seguros.
En Gálvez, en las noches de verano, solíamos dormir con las ventanas abiertas. No estoy hablando sólo de los vidrios, sino también de persianas y postigos. No había rejas y sin embargo sabíamos que nada malo podía ocurrir.
No entrarían ladrones, ni aparecerían degenerados... pero ni siquiera la seguridad de aquellos años podía protegernos de las travesuras de los chicos!!
Hugo, junto a una pandilla de chicos tanto o más inquietos que él, solía salir en barra al caer la nochecita. Era la oportunidad para jugar alguna broma a los confiados vecinos.
Una vez pasaron dos días juntando tucuras, que guardaron en una bolsa y se encargaron de vaciarla en el dormitorio de un matrimonio que vivía cerca.
Quedaron agazapados esperando el efecto hasta oír los gritos de la pareja sorprendida ante tal invasión.
Pero la peor broma debió ser la que le gastaban a menudo a Miguel, un chico unos años menor.
Sabían que el nene tenía mucho miedo a la luna, así que cada noche se ocultaban detrás de la ventana y con voz grave lo llamaban "Miiiiiiigueeeee... Migueeee!!!... soy la luuuuuna"
Al instante oían el llanto del pobre chico y mientras se levantaban los padres, entre risas, comenzaban a correr.

(Contada por Hugo B. - En la foto: Hugo)

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