domingo, 11 de julio de 2010

Una lección bien aprendida

Debo confesar que cuando era chica era bastante asquerosita, por así decirlo, y no me gustaba que me agarren de los cachetes ni que me besuqueen, menos aún esas parientes feas y bigotudas que hay en toda familia.
Tal es así que cada vez que alguien se me acercaba para saludarme lo frenaba en seco preguntando "¿te lavaste los dientes?", para sorpresa del besuqueador y vergüenza de mi madre.
Pero las madres también son responsables de ciertas conductas de los hijos.
Quien es mujer sabe las miles de recomendaciones que una mamá les da, por ejemplo, para ir al baño: no te sientes en el inodoro... agachate bien... no te limpies con el papel del baño...
En lo que a mí concierne, en ese campo me jacto de haber aprendido bien las lecciones maternas, pero como a todo chico me encantaban las excursiones al baño!! Tal vez por curiosidad, más que por necesidad, lo que ameritó que me apodaran "la inspectora de baños".
Durante la primera comida oficial en casa de los suegros de mi hermano, pedí ir a hacer pis y sin dar tiempo a la reacción de mi mamá, pregunté en voz alta: "¿en este baño me puedo sentar?"
Mi mamá en ese momento deseó desaparecer debajo de la mesa!!!

(En la foto: yo!)

No hay comentarios:

Publicar un comentario