martes, 6 de abril de 2010

El negocio del ratón

A Guille le gustaba demasiado el dinero. Tenía una gran habilidad para conseguir monedas de donde fuera! Después, tal vez ni siquiera las gastaba en sí mismo, ya que era generoso y disfrutaba comprando regalos para todo el mundo.
Así, vivía “mangueando” a todo el que se cruzara por su camino, desde el albañil que trabajaba en su casa hasta su abuela, a quien estafaba con los vueltos con la excusa de que las cosas habían “umentado” (aumentado).
El gran negocio de su vida se le presentó cuando a los 5 años comenzaron a caérsele los dientes. Si evitaba que el ratón se llevara su diente, podía lograr utilizarlo varias veces para seguir recaudando.
De ese modo, paseaba siempre el mismo diente entre los familiares “aportantes”, con el cuento de que uno nuevo se le había caído.
Un día lo encontré agachado frente a una rejilla, rezongando a más no poder. Me acerqué y pude oírlo exclamar “¡¡¡El diente... el dienteeeeee!!!” Había perdido el diente que le proporcionaba ingresos desde hacía semanas y entonces tendría que renunciar al negocio hasta que se le aflojara el próximo.


(En la foto: Guillermo B.)

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