En la zona rural de Oroño donde mis padres se mudaron después de casarse (década del 20), se criaban todo tipo de aves; gallinas, pavos, patos.Contaba mi madre que de pronto se escuchaba algo que se parecía a una conversación de muchas personas, un murmullo que no permitía entender lo que decían.
Seguidamente, las gallinas y sobre todo los gallos salían a los saltos, espantados.
Mamá corría afuera y no había nadie en el lugar.
Las primeras veces quedaba muy asustada, pero se vio obligada a convivir con esas grandes conversaciones nocturnas, por lo que se terminó acostumbrando tanto que le restaba importancia.
(Enviada por Irma L. – En la foto: Eduviges B. de L.)
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